El año que fuimos libres


Acaba de cumplirse un año desde que partimos. Es mucho tiempo, pero lo intenso de la experiencia ha hecho que transcurra efímero. Un año en Barcelona tiene doce meses, pero viajando parece tener sólo tres o cuatro. Es asombroso cómo se esfuma el tiempo cuando uno está realmente viviendo y libre de cualquier rutina.
Ha sido un año irrepetible, sin duda, el mejor de nuestras vidas.
Aún recordamos los nervios antes de empezar, todo parecía muy complicado, y las dudas acerca de cuánto tardaríamos en cansarnos o aburrirnos. Pero todo ha fluido sin obstáculos una vez liberados de las absurdas ataduras que nos retenían.
Ojalá esta experiencia pudiera ser eterna. Ojalá todo el mundo pudiera sentir lo que nosotros, porque eso jamás seremos capaces de explicarlo. Y es por eso que muchas veces, cuando nos encontramos en algún lugar especial o viviendo alguna experiencia alucinante, un triste sentimiento de melancolía nos invade al pensar en las personas con las que desearíamos compartirlo. Y hay que luchar contra ese sentimiento, porque de lo contrario, las cosas se disfrutan a medias.
Un año que nos ha servido para contrastar irrefutablemente que no somos nosotros los locos, si no todos aquellos que piensan que lo somos, y eso nos apena profundamente, porque nunca sentirán ni comprenderán nada de todo esto.
Un año que nos ha servido para conocer mejor al mundo y comprenderlo menos.
Un año en el que hemos sido más pobres, pero más ricos.
Un año que nos ha hecho más fuertes, más autosuficientes, más abiertos y más humildes.
Un año que nos ha acercado a los que menos tienen y nos ha alejado para siempre de todo lo podrido y embrutecedor de nuestra sociedad.
Un año en el que hemos descubierto que magia y realidad pueden ser sinónimos.
Un año que siempre estará ahí.
Un año que nos ha hecho libres. Libres y felices.
Y desde hoy, lo que tenga que venir, qué venga. Porque a partir de ahora, pase lo que pase, ya siempre sentiremos que, en algún momento, lo que hicimos con nuestras vidas estuvo lleno de sentido.
Y ahora, que el viaje continúe.