Primeras impresiones

17/08/11
¡Llegamos a Rusia! Hemos volado durante la madrugada, no hemos dormido casi nada porque el vuelo ha durado tan sólo 4 horas. Estamos en el aeropuerto a las cinco y media. Todo está cerrado, esperamos a que abran la casa de cambio de divisas y cogemos un bus hacia el centro de San Petersburgo. Hace frío y el cielo está gris, no llueve. 
El primer contacto con un nuevo país cuando se realiza el traslado del aeropuerto hasta el centro de cualquier ciudad siempre desata extrañas sensaciones. En este caso, los sobrios y espartanos edificios soviéticos que observamos a través de las ventanillas nos trasladan a otra época y nuestra imaginación evoca imágenes desordenadas del camarada Stalin, los obreros soviéticos, el ejército rojo y demás iconografía extraída de fotos y documentales. 

Dejamos el bus y cogemos el metro. Si lo de arriba impresiona, lo de abajo aún más. Otra vez reminiscencias soviéticas: estación y vagones antiguos, escaleras mecánicas infinitas a juego con la decoración que nuestra mente no concibe en una estación de metro.
Al comprar el billete en una ventanilla, nos damos cuenta de que nos han devuelto el cambio pero no nos han dado el ticket, volvemos a la cola para reclamar pero nos fijamos en que a nadie se lo dan. Con sorpresa, al abrir la mano, observamos que el cambio no son monedas, si no algo parecido a fichas de autos de choque metálicas con un M grabada, que hay que introducir en las máquinas de las barreras. Eso es el ticket. Lo que aún no sabemos es si la T10 serán diez fichas, y el abono mensual ¿qué?
Llegamos al hostel, dejamos los equipajes y damos el primer paseo por la ciudad. El centro no tiene nada que ver con la periferia. Inmensos y antiguos edificios barrocos pintados en tonos pastel salen a nuestro paso constantemente. Es precioso, nos recuerda a la majestuosa París y a la bella y decadente Habana. Atravesamos numerosos canales, afluentes del río Neva, surcados por multitud de barcas repletas de turistas. Iglesias ortodoxas con cúpulas multicolor y grandes fortalezas aparecen por doquier. 

Primer edificio soviético con la hoz y el martillo como insignia que hemos visto al salir del aeropuerto.




IGLESIA DE LA RESURRECCIÓN O DEL SALVADOR SOBRE LA SANGRE DERRAMADA (construida a imagen y semejanza de la catedral de San Basilio de Moscú, se halla en el lugar donde Alejandro II fue víctima de un atentado con bomba en 1881, de ahí su espantoso nombre)
Reflejo de la iglesia sobre un afluente del río Neva.
En esta plaza, en 1905, un sacerdote condujo a 200.000 obreros hasta el palacio de invierno para pedir al zar mejoras en sus condiciones de trabajo. Mientras cantaban "Dios salve al zar", la guardia imperial abrió fuego y mató a cientos de ellos. El suceso se conoce como "domingo rojo". Se empezaba a fraguar la revolución. Hay tanta historia en estas calles...
Al fondo se ve el palacio de invierno (antigua residencia del zar) y el Ermitage.

Super entrada de nuestro hostel, nos ahorramos las fotos del interior para no asustar a las familias. En realidad no está tan mal, 11€ por noche/persona en habitación compartida con diez personas, cocina y wc compartido e internet gratis.  

Viendo los precios de los restaurantes, decidimos ir al supermercado para comprar desayuno y comida. Hemos hecho acopio de pan "bimbo" ruso, agua que ha resultado ser con gas, queso, mortadela y 2 sopas chinas. Aún no nos hemos atrevido con productos puramente nacionales, dejamos unos ejemplos... 


Hemos conocido unos españoles que ya han encontrado un bar para ver el Barça-Madrid de esta noche. Dos vascos, un catalán y un madrileño, ¡vaya mezcla! Será divertido.