Donde los colores hipnotizan

Nos dirigimos a nuestro último destino en la provincia de Sichuan. Tras diez horas de bus desde Chengdu, llegamos a la Reserva Natural de Jiuzhaigou, donde tenemos la intención de descubrir las maravillas naturales que ofrece este espectacular entorno.
Seguimos haciendo camino con el entrañable London, que, aunque es californiano, habla un más que aceptable castellano, ya que su padre es argentino.
Una vez dentro del parque y previo pago de una exorbitante entrada, caminamos plácidamente durante horas, disfrutando del paisaje y del silencio. Seguimos un arbolado sendero que nos permite observar como el otoño convierte este lugar en un esplendoroso espectáculo visual.



Súbitamente aparece ante nosotros una impresionante laguna. A medida que avanzamos, seguimos observando nuevos lagos cuya belleza nos cautiva profundamente . Los diferentes materiales que componen su fondo y las variaciones de profundidad, provocan que los colores que exhiben estas aguas sean sencillamente fascinantes. Parece una creación artificial, pero aquí la naturaleza es verdaderamente prodigiosa y ha decidido llevar a cabo su particular derroche de imaginación. 





Está prohibido pernoctar en el interior de la reserva, pero queremos pasar otro día disfrutando de éste lugar único y, por supuesto, no pensamos volver a pagar otra entrada, así que nos dirigimos a una de las pocas aldeas tibetanas situadas en el valle para tratar de solicitar alojamiento. La pequeña villa está repleta de multicolores banderas Bön, estupas y ruedas de oración.

Preguntamos a la primera mujer que encontramos, con quien, después de un rato tratando de entendernos, acordamos dormir en una de las habitaciones de su casa por cincuenta yuanes (unos seis euros) por persona.
El interior de la vivienda es precioso, muestra una decoración típicamente tibetana, muy colorida y repleta de iconografía budista.

   


Dispone de unas cuantas habitaciones, que parecen estar preparadas para ofrecer alojamiento. Tenemos la impresión de que se trata de algo parecido a una hospedería, quizás para alojar trabajadores del parque y a huéspedes clandestinos como nosotros. Mejor no preguntar.
Nuestra generosa anfitriona nos invita a cenar tortitas rellenas de ajos tiernos y otros ingredientes inidentificables. Pican sobremanera, pero no podemos hacer el feo, así que escupiendo fuego, degustamos la casera exquisitez tibetana. Aún así, nos viene muy bien para sobrellevar el desgarrador frío de la montaña. Más tarde y bien arropados con mantas que, sorprendentemente, tienen calefacción eléctrica, jugamos unas emocionantes partidas de uno y nos vamos a dormir.
Al día siguiente nos saluda un sol radiante y continuamos disfrutando del espectáculo natural.
Seguimos contemplando enormes montañas, nevados bosques que albergan miles de  altísimos árboles y por todas partes agua. Agua que convierte este entorno en un espectáculo insólito, formando impresionantes cascadas, inverosímiles lagos multicolor y extraños ríos desde cuyo interior emergen sorprendentes árboles.
Sin duda, ha merecido la pena llegar hasta aquí. 










Tras otras tantas horas de bus, regresamos a Chengdu, donde pasamos la última noche con London. Aquí se separan nuestros caminos, ojalá algún día vuelvan a encontrarse, ya que ha sido un gran placer compartir estos días con él. Es una gran persona.
Por la mañana volamos a la ciudad de Lijiang, en la provincia de Yunnan. Se trata de un precioso lugar formado por bonitas y antiguas casas de madera, calles empedradas y canales de agua que rumorean por doquier. Desgraciadamente y como sucede siempre en estos sitios, las calles se encuentran abarrotadas de turistas y repletas de negocios enfocados a los visitantes, con lo que gran parte del encanto se pierde entre la multitud.








De todas formas, la razón de haber llegado hasta aquí, no es otra que realizar el trekking mediante el cual descubriremos uno de los cañones más profundos y espectaculares del mundo. Se trata de la Garganta del Salto del Tigre que, desde las aguas del río Jinsha, se eleva bruscamente a 3900 metros.
Empezamos a caminar acompañados de Holly, una chica australiana que viajaba en nuestro avión y que ha decidido acompañarnos.
La caminata, que se inicia paralela al caudaloso río, es algo dura en las dos primeras horas de ascenso, y se convierte luego en un asequible y tranquilo camino que recorre un escenario sencillamente sublime. Mirar hacia abajo y ver el diminuto tamaño que ahora presenta el río impresiona, pero lo que es verdaderamente sobrecogedor es el imponente y colosal aspecto de las enormes montañas que se elevan frente a nosotros.






Mientras descansamos, nos encontramos con Ramón y Harry, español e inglés respectivamente, que están siguiendo nuestra misma ruta. Continuamos el sendero juntos y decidimos pasar la noche en un bonito hostel con vistas privilegiadas que se encuentra en mitad del camino. Dos chicas francesas también se han unido al grupo. Pasamos todos una divertida noche de timba y mucha cerveza.


Por la mañana continuamos caminando y gozando del magnífico paisaje, uno de los últimos que veremos en China. 






Nos despedimos de nuestros compañeros de caminata, que han sido geniales (Harry, Ramón, nos vemos pronto, en algún lugar del mundo, ¿ok?) con una gran comilona, como siempre en China, exquisita. 





Seguidamente nos dirigimos al pueblo de Dali, otra maravilla atestada de visitantes. Su oferta culinaria es realmente interesante, sobretodo sus diferentes tipos de hongos.  





Nuestra intención es recorrer en bici los alrededores del pueblo, siguiendo uno de los márgenes del enorme lago Erhai Hu. El área es totalmente rural, abundan los cultivos de todo tipo. Los campos forman un heterogéneo y colorido mosaico  en el que se combinan todas las tonalidades verdes posibles, contrastando con la inmensidad azul del lago. A lo largo del camino observamos multitud de pescadores que navegan es sus barcazas de madera, mientras otros, ya en la orilla, extraen de las redes el fruto de su trabajo. Atrás van quedando pequeñas y encantadoras aldeas, en una de las cuales nos dan de comer sin pedir nada a cambio, incluso rechazan nuestro dinero, algo inaudito en China, donde los extranjeros nos vemos inmersos en una lucha permanente por no ser estafados. La gente del campo siempre es diferente, tienen comida y no esperan mucho más. Vidas duras y sencillas para gentes duras y sencillas.









En Dali cogemos nuestro último tren chino (los vamos a echar de menos), que a lo largo de toda la noche nos conduce al que será el destino final en este fantástico país. Se trata de la ciudad de Kunming, desde donde parte nuestro vuelo hacia una nueva experiencia en la tierra de las grandes montañas. Los dos meses en China han sido maravillosos e inolvidables, pero ya son historia, aunque estarán para siempre dentro de nuestras mochilas.
La aventura continua en Nepal. Estamos ansiosos por empezar a desarrollar nuestro proyecto de cooperación con la Asociación Orphan Children Rescue Center a través de la Fundación Privada Okume AZ.
Veremos que nos depara esta nueva etapa.